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Werther

Teresa Berganza dedicó gran parte de su carrera a Rossini y a Mozart, pero también se enamoró del barroco y, desde muy joven, se interesó por ese repertorio entonces tan olvidado. Así llegaron sus estronos de Incoronazione, Alcina, Orontea, Dido y Eneas o Rinaldo.

La ópera francesa fue también uno de sus grandes amores. Además de la Carmen de Bizet, Migno y, sobre todo, la Charlotte de Werther, se dulcificaron con su voz.

A pesar de llegar a lo más alto soñado por una artista, el Festival de Salzburgo en 1972 dirigida por Karajan y Ponelle, Teresa nunca olvidará su trabajo como Cherubino en Aix-en-Provence, donde el trabajo en equipo y los amorosos consejos de Hans Rosbaud le permitieron adquirir lo más esencial para la carrera de un cantante lírico.


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